Si mantienes el pensamiento de que “los carbohidratos son el enemigo”, esto puede conducirte a comer en exceso otros alimentos más problemáticos para el organismo. En pocas palabras, caer en la trampa de que los carbohidratos nos impiden o dificultan la pérdida de peso es un error.

 

Una alimentación más sana y equilibrada es siempre un maravilloso objetivo a tener en cuenta. Si bien es cierto, que los cereales en grano son ligeramente acidificantes y el equilibrio químico en nuestro organismo tiene una importancia fundamental para el mantenimiento de nuestra salud, es por lo tanto importante, que haya una proporción adecuada entre los alimentos ácidos y alcalinos que ingerimos. 80% en alimentos alcalinizantes y un 20% de acidificantes.

 

El hecho es que, los carbohidratos son absolutamente necesarios para promover la ¡salud y la belleza! Contienen macronutrientes esenciales que nos proporcionan energía. Por lo que, si no recibes los suficientes, tu cuerpo sufre.

 

El cerebro usa la glucosa cosechada de los carbohidratos en los alimentos como combustible. De hecho, es el único combustible normalmente utilizado por las células del cerebro. Debido a que sus neuronas no pueden almacenar este azúcar simple, dependen de un suministro bastante constante. Sin ellos, nos resultaría cada vez más difícil concentrarnos, e incluso nos volveríamos irritables y estresados.

 

Algunas dietas, parecen afirmar que los carbohidratos son el enemigo, y que podemos entrenar a nuestro cuerpo a quemar grasa como combustible en la ausencia total de éstos,  pero realmente no hay buena evidencia para apoyar esta afirmación.

 

A menudo, estos planes de alimentación buscan reemplazar a los granos, con grandes porciones de proteínas densas (es decir, diversas formas de proteínas animales), arrojando al cuerpo a un estado más ácido con la pérdida de fibra dietética y ejerciendo una notable presión sobre los riñones e hígado, causando así más ácido y toxemia.

 

Los carbohidratos complejos de los alimentos que ingerimos se descomponen lentamente en azúcares simples que entran en el torrente sanguíneo y el envío de un mensaje al páncreas para secretar insulina, los transporta al hígado.

 

En el hígado, algunos de esos azúcares se convierten en glucosa que proporciona la energía esencial para el cerebro y los músculos. Si tu cuerpo no recibe suficiente energía de la glucosa, tendrán que romperse las proteínas para obtener la energía necesaria.

 

Esto significa que tu cuerpo no puede utilizar la suficiente proteína para construir músculos y tejidos. Además de suponer más estrés, ya que los riñones tendrán que procesar todas las toxinas creadas cuando tratamos de digerir demasiada proteína. No parece un ciclo saludable ¿verdad?

 

¿Entonces, que podemos hacer?

 

Algo básico y sin profundizar, es acostumbrarte a estas proporciones en tu plato:

 

50% de verduras (25% de verduras de raíz y redondas con una cocción larga y 25% de verduras de hoja verde, con una cocción corta de efecto depurativo)

25% de proteína, sobre todo vegetal (legumbres, tofu…)

25% de cereales integrales.

 

En el artículo cómo preparar un menú saludable tienes todas las pautas por las que yo me guío a la hora de elaborar los menús.