Si te preguntaras ¿cuánto eres consciente del poder que tiene la energía que llamamos AMOR, que responderías? Yo creo, que en la misma proporción que dedicamos nuestro tiempo a generarla.

El amor es un terreno a conquistar y lo abarca todo incluso está en nuestra alimentación. Seguro que sí has escuchado que el ingrediente secreto de todo exquisito plato es el amor, ¿verdad?

 

A partir de aquí, vamos a aprovechar esa relación entre el amor y la alimentación para evolucionar un poquito más en la nutrición integral.

 

3 lecciones de amor de la nutrición integral:

 

  • El dulzor de cada día. Si quieres bajar de peso un error muy frecuente es eliminarlo de tu dieta. Igual que el amor, las verduras, sobre todo las de raíz, nos relajan, aportándonos el dulzor que necesitamos sin tener que recurrir a los azúcares refinados. El sabor dulce no es igual a “postres”. Recomiendo aportar este sabor en el primer plato, con una crema, en el segundo con cereales integrales y a lo largo del día con un fruta fresca o seca, por ejemplo.

Reflexiona durante un instante y pregúntate: ¿de qué manera generas dulzor en tu vida?

 

  • Sorprende y vencerás. Lo mismo que en una relación monótona, es cuestión de tiempo que alguno termine por cambiar de actitud sin explicación aparente. Si tus platos son siempre los mismos, no digo que diseñes vajillas comestibles, pero sí un poquito de imaginación a través de los colores, texturas y sabores mejorará el concepto de ¿para qué comemos?

 

  • Potencia tu conocimiento y conecta con tu cuerpo. No esperes que otros lo hagan por ti. Un error muy frecuente, es esperar a que el otro cubra nuestras necesidades: la mujer necesita respeto y el hombre aprecio, la mujer necesita devoción y el hombre admiración… Parece un entramado complejo, pero podríamos resumirlas en una sola: la necesidad de amor. Potencia esa conexión interior a través de los alimentos, a través del pensamiento y a través de las emociones y encontrarás la paz, el equilibrio y la armonía.