Creo que todos en lo más profundo deseamos conectar con nuestra capacidad de adaptarnos a la vida de la forma más fluida y armoniosa, donde nuestro estilo de vida se convierta en el núcleo de la búsqueda del propósito para una vida feliz. 

 

La felicidad no se puede evaluar

 

El concepto de felicidad no es una idea meramente filosófica. De echo, la imagen que tengamos de la felicidad influye en nuestra actitud ante la vida. Puede que para algunos represente los paraísos artificiales y otros estén plenamente convencidos de que no existe.

 

Entonces, ¿qué es la felicidad?

 

Según Matthieu Ricard, asesor de Dalai Lama y considerado según varios estudios como el hombre más feliz del mundo:

la felicidad es un estado adquirido de plenitud subyacente en cada instante de la existencia y que perdura a lo largo de las inevitables vicisitudes de la vida. Es una cualidad que sostiene e impregna cada experiencia, cada comportamiento, que abarca todas las alegrías y todos los pesares. Una felicidad tan profunda que nada puede alterarla, como esas extensiones de agua en calma bajo la tormenta. Es asimismo, un estado de sabiduría, liberada de los venenos mentales y de conocimiento, libre de ceguera sobre la verdadera naturaleza de las cosas.

 

¿Qué podemos hacer humanamente?

 

Ahora que ya sabemos que no necesitamos esperar a nuestras próximas vacaciones, ni a ese evento especial o conseguir una talla “S” para alcanzar la felicidad, podemos comenzar un proceso de sensibilización, conciencia, limpieza y purificación energética.

 

Mantener el flujo energético de nuestro cuerpo, sanar aspectos femeninos y masculinos de nuestra psique y permitirnos fluir en el bienestar de un cuerpo sano gracias al reconocimiento y la sintonización desde nuestra alma a nuestro SER ORIGINAL.

 

Receta para conectar contigo mismo

 

  1. Busca un lugar completamente privado para ti. Túmbate de espaldas en el suelo, cierra los ojos, respira profunda y suavemente sin esforzarte. No trates de sentir nada.
  2. Empieza a explorar tus sensaciones corporales. No fuerces ninguna sensación. Limítate a dejar que la atención recorra todo tu cuerpo, como si de un globo se tratara.
  3. En este momento sientes que flotas.
  4. Observa si existe alguna sensación en las diferentes partes del cuerpo. Trata de no calificarlas como positivas o negativas.
  5. Observa si puedes sentir las piernas, el abdomen, pecho, brazos, cuello, ojos…
  6. Haz un chequeo de las partes del cuerpo que parecen bullir de sensaciones, plenamente vitales y fuertes, y qué partes te parecen opacas, pesadas, sin vida, borrosas, tensas o doloridas. Intenta hacerlo durante tres minutos.
  7. Ahora dirige toda tu atención al pecho y visualiza a ese globo expandiéndose por todo el pecho y sobresaliendo en el abdomen. Deja que se hinche un poco más y se expanda. Luego exhala con lentitud, dejando que el globo se vacíe por completo. Repítelo siete veces, manteniendo dentro del globo una presión firme pero suave, de manera que se hinche el abdomen y llegue hasta la pelvis. Observa si existe alguna parte de tu cuerpo dormida, tensa o dolorida.
  8. Ahora, haz una entrega simbólica de todas las sensaciones a ese globo que habita dentro de ti.
  9. Al inhalar estás inhalando fuerza vital y estas irradiándola por todo tu conjunto psicofísico. Al exhalar, no pierdas el aliento déjalo salir, liberándolo en forma de placer, que impregne tu cuerpo entero. De esta manera un placer sutil fluye por tu cuerpo y mente y se hace más pleno con cada ciclo. Si no estás segura o seguro aún, completa otras tres o cuatro “expansiones” respiratorias totales, abandonándote al proceso que experimentes.