Como la mayoría, yo también he tenido carencias nutricionales y he lidiado con algún que otro “problemilla” de salud en el pasado. Mi falta de experiencia me llevó a seguir filosofías extremas a la hora de comer. Leía libros y asistía a cursos y seminarios que cambiaron mi visión particular sobre cómo deberíamos de nutrirnos. Quería aprender y no sabía exactamente cómo hacerlo en favor de mi cuerpo. Con algunos tipos de alimentación mi vientre se sentía hinchado por la gran cantidad de carbohidrato que ingería, otras formas de alimentarme me generaban carga hepática y con otras sentía hambre o frío.

Permiso para sentir plenitud

Una vez aprendida la lección y hablo desde mi visión y experiencia particular, decidí abordar las necesidades de mi cuerpo a todos los niveles: físico, emocional y mental. Debo reconocer que todo este aprendizaje ha sido muy positivo con una respuesta clara: No existe una verdad absoluta de cómo alimentarnos. Honestamente creo que debemos abordar las necesidades de quiénes somos ahora y de cómo vivimos y nos sentimos hoy y no hace 20 o 100 años.

Tampoco creo que tengamos que limitarnos a seguir filosofías sin pensar, sino abrirnos a todo lo que eso pueda requerir para cada uno. Si nos encasillamos con una etiqueta de “dieta x”, esto puede terminar por controlarnos y aislarnos de los demás, lo cual no me parece para nada “saludable”, teniendo en cuenta que nuestro objetivo es evitar carencias nutricionales para restaurar la salud.

¿Cómo saber que no tienes carencias nutricionales ?

Si llevas un período prolongado y …

  • Te sientes equilibrado, satisfecho, sereno y libre de antojos.
  • Experimentas una digestión eficiente y silenciosa.
  • Tienes un sueño profundo, reparador, ininterrumpido y un despertar recargado de energía.
  • Tu temperatura corporal es estable a lo largo del día (36.6 °) y tu pulso en reposo oscila entre 75-85 (lo que indica que tu nutrición está satisfaciendo tus necesidades metabólicas, que te mantiene estable el azúcar en la sangre, que la hormona tiroidea se está convirtiendo junto con hormonas como la progesterona, que la adrenalina no se desencadena innecesariamente, lo que causa la degradación del tejido acelerando el envejecimiento. Guau!)
  • Si eres mujer y vives tus ciclos menstruales sin tensión menstrual o cualquier otra molestia hormonal o problemas de fertilidad.
  • Mantienes un peso natural y un tono muscular natural sin ejercicio extremo y tu cuerpo no retiene reservas de grasa innecesarias (especialmente no alrededor del vientre -equivale al exceso de adrenalina; o en la parte posterior -equivale al exceso de estrógeno)
  • Tienes unas articulaciones flexibles y ágiles.
  • Tu estado de ánimo es sereno, tranquilo y tu mente está concentrada y libre de ansiedad.
  • Experimentas energía estable durante todo el día.
  • Las uñas están suaves, sin arrugas, ligeramente curvadas, sin manchas y fuertes.
  • Tienes apetito desde el momento en que te levantas.
  • Te manejas bien con estrés y te recuperas del ejercicio sin dolor.

… entonces, sí, tu alimentación está funcionando para ti!

Sino es así, necesitas ajustar, modificar, reevaluar, cuestionar, aprender, cambiar y volver a sintonizar con tu cuerpo.  Cualquier síntoma indica que tus necesidades no están siendo satisfechas. ¡No lo ignores! 

Escucha tu diálogo interno. Cuestiona tus percepciones de un determinado alimento y de dónde provienen estas respuestas. ¿Se deriva de una ideología teórica que te gustaría creer o de una comprensión clara, concisa y educada? Ponte a prueba y cuestiona tus creencias. ¡Y escucha tu instinto, literalmente!

 

carencias nutricionales