Antes de formarme en alimentación natural y energética con Montse Bradford, era una amante del yogurt. En casa siempre había una gran selección de yogures. Sobre todo los que estaban hechos de fruta. A menudo le añadía una onza de chocolate y me los comía a todas horas. Los comía cuando tenía hambre a media mañana, a media tarde o como postre después de la cena; Así es como conseguía tomar dos o tres yogures al día. ¡Menos mal que la trampa del yogur salió a la luz!

La trampa del yogur. Azúcar escondida

Empecé a leer las etiquetas y recuerdo mi sorpresa cuando la pregunta salió repentinamente de mi boca indignada: «¿sabes cuánto azúcar hay en este yogur de cereza bio que me acabo de comprar?! ¡16 gramos! Por aquel momento, todavía pensaba que todo lo bio era saludable. ¡La trampa del yogur hay que desmantelarla!😉

16 gramos de azúcar es un número aterrador, porque me estaba comiendo una cucharada de azúcar escondida en cada yogur

El yogur ha estado disfrutando de una imagen saludable durante mucho tiempo y afortunadamente esto está cambiando gracias a todos los consumidores preocupados por la salud. Ya sabemos que si lleva azúcar añadido no es mejor opción un yogur light o bajo en grasas. Ni siquiera un yogur bio (vegetal/animal) con un precio más elevado te va a garantizar que sea más saludable. Si lleva azúcar, ¡La cantidad de azúcar sigue siendo muy alta!

¿Imagen sana a través de etiquetas saludables?

La etiqueta BIO se asocia automáticamente con productos más saludables que los «normales». Un gran error, porque Bio representa pautas sostenibles en torno a la producción, materias primas, recetas, procesamiento y transporte de productos, que funcionan para los intereses de los humanos, los animales y la naturaleza. Esto NO significa que dichos productos sean automáticamente saludables. Sin embargo, no quiero decir que no se deba comprar alimentos ecológicos. Personalmente únicamente van a mi carrito de la compra, aquellos alimentos que han sobrevivido al examen en la tabla de valores nutricionales.

Si sueles tomar yogures, ten en cuenta que su naturaleza es fría y húmeda al igual que todos los lácteos. Recuerda que, desde ese consumo ocasional de lácteos por nuestros antepasados al consumo diario de “lácteos” procesados por la industria que realizamos hoy en día hay una enorme diferencia. Si te gusta su textura y optas por tomarlos ocasionalmente (sin azúcares, claro), esta lista te puede ayudar en tus elecciones. Elije preferiblemente:

  • NATURALES: Elaborados con leche sin desnatar y con fermentos lácticos.
  • ECOLÓGICOS: Nos garantizan el bienestar animal con ganadería ecológica y de pasto.
  • PROTEÍNA DE CABRA: La leche de cabra es más digestiva y tolerable que la de vaca.
  • CON BÍFIDUS ACTIVOS: son recomendables pero que sea “Bífidus” no lo hace mejor que uno natural y, además, a veces es más caro.
  • VEGANOS: Es difícil encontrar uno que no esté ultraprocesado, no lleve azúcar añadido, aceites de mala calidad, edulcorantes…
  • KEFIR: contienen bacterias vivas, beneficiosas para la flora intestinal.

Nunca como parte principal de tus menús diarios

Por cierto, el número de yogures en mi nevera ha disminuido drásticamente. Ahora consumo lácteos muy ocasionalmente o como condimento para elaborar algún plato preferido, pero nunca como parte principal de mi menú diario.

Lejos de aportar beneficios nutricionales, el consumo excesivo de azúcar aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad, y por ende las enfermedades vinculadas a ello. Esto es lo que yo considero la trampa del yogur. El problema es que, mientras que el yogur se percibe como saludable, «puede ser una fuente no reconocida de azúcar añadida en la dieta de mucha gente».

Espero que este post sobre la trampa del yogur aclare mi visión particular a cerca del consumo de  este tipo de alimentos.  Te invito a probar esta versión de yogur de natillas veganas que publiqué hace un tiempo.

la trampa del yogur